Estamos transitando el año 2010, año a conmemorar el bicentenario del Nacimiento de la Patria, oportunidad propicia para replantearnos cómo estamos, qué objetivos queremos alcanzar y de que modo podríamos lograrlos.
No se trata solo de organizar actos conmemorativos con más fervor que en otras ocasiones.
A 200 años del nacimiento de la Patria debiéramos preguntarnos, cada uno, qué le hemos dado a la Nación, a su historia; de qué manera hemos honrado y puesto en práctica los valores de justicia, solidaridad, esfuerzo, honestidad, etc. tan necesarios para la construcción de una comunidad que permita vivir y morir de una manera digna a cada uno de los Argentinos.
En un territorio sumamente extenso y colmado de riquezas de toda índole, debiéramos haber alcanzado un grado de progreso y distribución de la riqueza, como nadie en el mundo. Pero la corrupción y el aprovechamiento personal de algunos pocos nos ha sumido en la desigualdad y la necesidad extrema de muchos.
Debemos exigir a la clase política, dirigencia social, a los empresarios y a todos que tienen responsabilidades colectivas encarar como prioridad nacional la erradicación de la pobreza y el desarrollo integral de todos.
No se trata solamente de problemas estadísticos o económicos sino, mucho más que eso, son problemas de carácter moral, ético y fundamentalmente espiritual.
Nos declaramos un País Cristiano, aún los dirigentes juran cumplir sus responsabilidades, mayormente, en nombre de Dios y de los Santos Evangelios pero…. en la práctica no se evidencian cumplimientos de los principios básicos del Cristianismo sino por el contrario la cuestión social abarca tanto las situaciones de exclusión económica como de vidas humanas que no encuentran sentido y no pueden reconocer la belleza de la existencia.
Todas las llamadas clases sociales están expuestas al egoísmo, al hedonismo, la desesperación, al consumo de droga, al aislamiento social, a la enfermedad o a la discriminación… Crece el individualismo, se debilitan los vínculos interpersonales y comunitarios; abundan las graves carencias afectivas y emocionales.
Miles de horas de los argentinos se pierden frente a la pantalla boba de la TV, que dedican en gran parte su programación a show “farandulescos” y a “culebrones” que nada tienen que ver con la realidad del País y los sentimientos de los Argentinos distorsionando los valores esenciales de un pueblo y con afán de progreso.
Hoy en el mundo, la suerte de la humanidad esta en manos de quienes sepan dar razones para vivir, discernir y promover nuevos vínculos de pertenencia y convivencia así como estilos de vida más fraternos y solidarios.
Anhelamos poder celebrar un bicentenario con justicia e inclusión social. Estar a la altura de este desafío histórico depende de c/uno de los argentinos. ¿Estamos dispuestos a cambiar y a comprometernos?
Carmen Stokic